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martes, 27 de marzo de 2012

Relación con la unidad 2.

En la siguiente diapositiva puedes ver una comparativa entre los distintos sistemas económicos surguidos a los largo de la historia:


Es importante que sepas que en esta unidad 8 nos centramos en el estudio de la economía mixta,  la cual es la predominante en los paises de nuestro entorno. Este sistema económico se derivada de la conjunción entre dos otros clásicos sistemas: la economía de libre mercado y la economía centralizada.

domingo, 25 de marzo de 2012

La razón de ser de la economía mixta.

<< Un embajador de la extinta Unión Soviética -uno de los pocos países que durante el siglo XX ensayaron el sistema de dirección centralizada- preguntó una vez: "¿Quién se ocupa del suministro de pan de Londres?" La respuesta que lo dejó aterrorizado fue: "Nadie". Tal como dejó dicho Adam Smith en el siglo XVIII, es el interés del panadero en su propio provecho el que promueve el negocio del pan, y lo hace mucho mejor que cualquier institución pública, como es el caso de los sistemas de dirección centralizada.

En los sistemas de mercado, el sector público interviene estableciendo licencias y horarios de apertura, normas sanitarias, salarios mínimos, etc. Pero no es suficiente: como el sector público no controla directamente el mercado del pan, podría suceder que los panaderos llevaran demasiado lejos la búsqueda de su propio provecho y se pusieran de acuerdo para cobrar precios abusivos o que contaminaran los ríos que suministran el agua potable a las ciudades. Por otra parte, y como el mercado está sujeto a rachas -períodos temporales de fortuna o adversidad-, bien pudiera ser que una crisis económica obligara a las panaderías a despedir empleados e incluso a cerrar, con todos los problemas que ello supone. Por último, podría suceder que no todos los ciudadanos tuvieran dinero suficiente para poder comprar un alimento básico como el pan, y es que el mercado ha demostrado ser un mecanismo que reparte los recursos de manera muy desigual, favoreciendo a los que disponen de una renta más alta o mayores recursos.

Por todo ello, es necesario que el sector público -una entidad superior revestida de autoridad y poder por el conjunto de los ciudadanos- trate de corregir los efectos negativos del mercado. >>

PENALONGA SWEERS, Anxo: Economía. 1º de Bachillerato. McGraw-Hill. Barcelona. 2012. Pág. 144.

Responde a las siguientes preguntas:
  • ¿Por qué se sorprendió el embajador de la Unión Soviética con la respuesta a su pregunta?
  • ¿Qué problemas de la economía de mercado se citan en el texto?, ¿añadirías alguno más?
  • ¿Piensas que la intervención del Estado corrige totalmente las imperfecciones del mercado?

martes, 6 de marzo de 2012

El Gran Asceta.

El siguiente texto muestra de una manera metafórica los problemas frecuentes en las economía de mercado:

<< En aquellos lejanos tiempos en que ni siquiera el tiempo tenía nombre, Ecolandia era un país muy pequeño que estaba regido por un sabio al que llamaban el Gran Asceta y al que todos respetaban, porque desde siempre, que ellos recordaran, había regido los destinos del país con gran acierto. No sabían qué era eso del mercado ni del sector público, ni qué diferencia había entre los bienes privados y los bienes públicos. Y tampoco necesitaban saberlo. Para ellos los bienes eran simplemente bienes y con ellos satisfacían sus necesidades.

Como al principio eran muy pocos y los recursos suficientes, ni siquiera había necesidades que tardaran mucho en ser satisfechas. Era una sociedad primitiva pero feliz. Todos los problemas se resolvían con tranquilidad y nada hacía pensar que las cosas fueran a cambiar a largo plazo.

Pero la población empezó a crecer y algunos bienes ya no se encontraban en cantidades suficientes. Aprendieron lo que era la escasez. Como las preferencias eran distintas y los bienes de que disponían no satisfacían todas sus necesidades, comenzaron a intercambiarse unas cosas por otras. Sin embargo, esto era muy costoso, porque tenían que encontrar a la persona que quisiera lo que tenían y, además, tuviera lo que deseaban. El Gran Asceta pensó que podían fabricarse unos vales que harían la función de los bienes que se entregarían a cambio del que se deseaba. Los llamó Escudos, porque podían ser una defensa contra el caos y la pérdida de tiempo. Esta idea gustó a todos porque no obligaba a cargar con zapatos cuando se deseaba azúcar. Los vales pesaban mucho menos y, además, venían firmados nada menos que por el Gran Asceta, que dedicaba a ello una parte de su tiempo cada mañana, ya que la sociedad estaba inmersa en una actividad hasta entonces desconocida.

Pero empezaron algunas discusiones. ¿Cuántos vales había que dar por una falda? ¿Y por un loro? El problema era suficientemente importante como para que se reunieran todos en torno al Gran Asceta. Éste decidió que cada comprador y cada vendedor expresara el valor que consideraba correcto y luego negociaran para acercar sus posiciones. Cuando se alcanzara el acuerdo, el valor fijado se denominaría precio, pues tal era también el nombre que recibía el premio que se alcanzaba en las justas. Si el precio que se había fijado para cada bien hacía que todos los productores y consumidores estuvieran satisfechos, entonces se habría alcanzado el equilibrio. Después de realizar algunos intentos parecía que resultaba muy dificil. Era como si hubiese cientos de peces en un estanque y pretendieran cogerlos todos al mismo tiempo. Nadie estaba de acuerdo con los precios y quedaba mucha producción sin vender. Este sistema de tanteo era demasiado largo.

Por otra parte, el Gran Asceta comenzó a pensar que ya no eran felices todos sus ciudadanos. Unos llevaban mejores vestidos que otros, no todos expresaban lo mismo, algunos parecían sucios. Surgían envidias y recelos. ¿No era bueno el sistema que había ideado? Durante ese tiempo los vecinos pidieron audiencia con más frecuencia de lo habitual. Uno de ellos contó que sus vecinos, que fabricaban conservas con los tomates que producía una huerta situada más arriba, tiraban todos los desechos al agua, por lo que ya no se podía ni beber, ni bañarse en ella. Ahora tenía que comprar el agua y, como a muchos más les ocurría lo mismo, el agua había subido de precio. Otro se quejaba de que su vecino ponía la música tan alta que no le dejaba dormir, y él trabajaba por la noche.

El que fabricaba conservas se lamentaba de que tendría que cerrar si no se ponía remedio a su situación porque un extranjero había construido una fábrica que producía y vendía mucho más barato. No se lo explicaba, pero así era.

Una ciudadana estaba indignada porque había comprado una jarra de miel y luego había sabido que todos sus vecinos compraban la miel más barata.

No faltó quien preguntara al Gran Asceta si le parecía justo que no pudiera sanar de su enfermedad por no tener dinero suficiente para pagar las medicinas ni a los médicos. Más de uno quería llevar a sus hijos a la escuela, pero no había suficientes plazas y habían tenido que ponerse a la cola para el próximo año.

Otro estaba apesadumbrado porque -decía- antes no tenía que trabajar, tomaba lo que necesitaba. «Ahora -seguía- trabajo todo el día y no recibo a cambio más que unos cuantos escudos que apenas me dan para comer...».

Llegó el día de la fiesta anual. Tras las justas y torneos, la gran carrera de relevos iba a comenzar. Los participantes se agrupaban como querían: solían ser familiares o amigos. No había normas y tampoco habría un ganador, sino que lo que estaba en juego era la posibilidad de elegir los mejores lugares (y, consecuentemente, los más sabrosos manjares) en el banquete final.

Ese año había demasiada gente. Al levantarse la bandera, algunos ya habían comenzado a correr; otros tardaron en salir porque cayeron entre empujones u ocupaban posiciones retrasadas en el grupo; unos corren, otros caen, otros pierden las zapatillas. Cada uno entrega el relevo a su compañero según llega a la primera meta. Los mejor alimentados y con zapatillas caras corren mucho más deprisa que quienes van descalzos y acusan la deficiente alimentación. Las diferencias en los tiempos de salida de cada relevista se acentúan porque comienza a correr con la ventaja o la desventaja que recibió. Al final, unos como ganadores y otros como pueden, todos llegan a la meta.

Se fueron a comer después de la carrera, pero las conversaciones eran menos relajadas y más airadas que en años anteriores. Ni todo el mundo estaba de acuerdo con los resultados ni faltaron acusaciones de injusticia y favoritismos.

El Gran Asceta ni comió ni bebió. Preocupado por cuanto estaba pasando, se retiró a meditar. >>

Adaptado de GIMENO-GUIROLA: Introducción a la economía (libro de prácticas). McGraw-Hill.



¡Por fín terminaste de leerlo! ¿Qué tal te ha parecido?

Seguro que eres capaz de responder a las siguientes preguntas:
  • ¿Qué representa el Gran Asceta en Ecolandia?
  • ¿Cuáles pensas que son los problemas más graves que se le presentan? ¿Qué puede hacer para remediarlos?
  • ¿Qué problema trata de ilustrar la carrera? ¿Cuáles serían las posibles soluciones?